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Emprender: ¿empresario individual o Sociedad Limitada?

El 99,88% de las empresas españolas son pymes, según datos del Directorio Central de Empresas del Instituto Nacional de Estadística, pequeñas y medianas empresas que en muchos casos surgen a partir de la iniciativa de un emprendedor o emprendedora. Si tú como profesional de la traducción y la interpretación también tienes tu propio proyecto puede que este sea el momento para ponerlo en marcha. Pero antes de continuar deberás saber que si has decidido emprender de manera individual tendrás que hacerlo como autónomo (empresario individual) o sociedad mercantil. A continuación te explicamos las diferencias:

Empresario individual

Se trata de una persona física que realiza de forma habitual, personal, directa y por cuenta propia una actividad económica o profesional a título lucrativo. El empresario individual se rige por el Código de Comercio en materia mercantil y por el Código Civil en materia de derechos y obligaciones. Deberá tributar por el IRPF y además estará sujeto a la Ley 20/2007, de 11 de julio, que regula el estatuto del trabajo autónomo.

La personalidad jurídica de la empresa es la misma que la del empresario, por lo que no existe diferenciación entre el patrimonio mercantil y su patrimonio civil y el empresario responderá ilimitadamente de todas las deudas que contraiga la empresa, lo cual es un inconveniente. Sin embargo, el empresario individual no precisa proceso previo de constitución, siendo la forma jurídica más barata y que menos gestiones y trámites ha de hacer para la realización de su actividad. Además, el capital inicial no tiene límites, quedando a la voluntad del empresario.

Sociedad Mercantil

Si te decides por constituir una sociedad mercantil, es posible que la Sociedad de Responsabilidad Limitada sea la que más te convenga. En este caso, la sociedad tendrá personalidad jurídica diferenciada de la de los socios y el capital social de la empresa se integrará por las aportaciones de todos ellos (puede ser tan sólo un socio), quienes no responderán personalmente de las deudas de la empresa. El marco legal de este tipo de sociedad está recogido en el Real Decreto Legislativo 1/2010, de 2 julio, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley de Sociedades de Capital.

A diferencia del empresario individual, las Sociedad de Responsabilidad Limitada requiere de un capital inicial mínimo de 3.000 euros y un proceso de constitución más complejo que incluye escritura pública de constitución y la inscripción en el Registro Mercantil, entre otros trámites. Asimismo, la sociedad estará sujeta al Impuesto de Sociedades y tendrá la obligación de tener al día algunos documentos como el Libro de actas, las cuentas anuales o el libro de inventarios.

Quiero emprender, ¿por cuál me decanto?

El empresario individual se trata de una forma empresarial idónea para el funcionamiento de empresas de muy reducido tamaño, pues es la forma que menos gestiones y trámites ha de hacer para la realización de su actividad, puesto que no tiene que realizar ningún trámite de adquisición de la personalidad jurídica. Además, puede resultar más económico, dado que no crea persona jurídica distinta del propio empresario.

Sin embargo, el hecho de responder ilimitadamente de las deudas contraídas es un inconveniente a favor de la Sociedad de Responsabilidad Limitada, en las que tan solo se responderá de las deudas según el capital aportado. Es fundamental que tengas esto en cuenta porque si te decides por ser autónomo deberás saber que, por ejemplo, si estás casado y tienes régimen de gananciales, el patrimonio del matrimonio también responde de las deudas que puedan derivarse de la actividad de la empresa. Por ello deberás plantearte el riesgo que vas a asumir con tu proyecto y las necesidades que tendrás con él para elegir por una forma jurídica u otra.

 

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