Juicio

Un juicio sin intérprete…

Hace apenas unas semanas estuve en un juicio en el que el demandante era un ciudadano inglés, que residía en España, pero que desconocía casi por completo el castellano. Un colega de profesión que decía ser prácticamente bilingüe ofreció sus servicios a la parte activa del proceso y puso su mejor empeño en realizar correctamente la tarea. Sin embargo, durante el transcurso de la vista, todos los que allí nos encontrábamos pudimos apreciar que el bilingüismo no era tanto, al menos en la materia jurídica…

Por supuesto, nadie le echaba la culpa al «intérprete», puesto que, al menos, había alguien dispuesto a hacer que todos nos entendiéramos… No obstante, esta labor se le hizo cuesta arriba al tratar de explicarle al inglés determinadas preguntas de la jueza a la parte contraria, y viceversa.

Vista la situación, podéis imaginaros que los allí presentes echamos de menos una persona que pudiera comunicarse con soltura tanto con la jueza como con el demandante como con nosotros: la parte contraria. Fue una situación de lo más incómoda. Cada uno hacíamos esfuerzos por hacer llegar información fidedigna a los interlocutores, teniendo en cuenta la jerga jurídica. Finalmente, logramos entre todos llegar a un entendimiento, o al menos eso creo…

Si os soy sincera, aquello llegó a recordarme en algún momento a una película de los Hermanos Marx; estábamos tan concentrados en poder comunicarnos de forma fiel que acabé por un segundo olvidando el verdadero motivo por el que estaba allí.

¿Por qué tienen que darse situaciones de este tipo? En la zona en la que yo ejerzo habitualmente mi profesión (procuradora), esto es el pan nuestro de cada día ya que viven muchísimos extranjeros de distintas zonas del mundo: rumanos, rusos, ingleses, irlandeses, alemanes, italianos, franceses, asiáticos y un largo etcétera.

En el día a día de un Juzgado hacen falta personas que puedan hacernos más fácil la comunicación entre nosotros, alguien que garantice la completa comprensión y por lo tanto, queden asegurados los derechos de las partes.

La figura del intérprete, en este caso, es completamente necesaria en la era de la globalización y la multiculturalidad en la que vivimos, es un elemento clave para poder desarrollar la función judicial actualmente, y es la propia Administración Pública la que tendría que asumir la creación y desarrollo de una verdadera traducción en los Servicios Jurídicos, estableciendo la obligatoriedad de, al menos, un traductor/intérprete por cada Juzgado existente.

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